
Desde el sitio de la inyección
el CO2 se difunde fácilmente hacia los tejidos
adyacentes, ejerciendo su función. Su introducción
bajo la piel se completa con un movimiento de masaje
manual que ayuda a distribuir el anhídrido
carbónico y hacerlo circular. El CO2, al
entrar en contacto con la grasa se difunde y, parte
de él, va a los glóbulos rojos: al
ponerse en contacto con la hemoglobina, cede el
oxígeno a los tejidos.
Ese oxígeno permite ser usado para reacciones
metabólicas y además produce una estimulación
de la combustión de grasas.
Este gas ayuda a mejorar el intercambio intracelular
y la nutrición celular en personas con celulitis.
El CO2 se infiltra por vía subcutánea
con una aguja esterilizada similar a la que se usa
para aplicar insulina, conectada a una manguera
muy delgada, que a su vez se conecta en un equipo
especialmente preparado para este fin el cual permite
regular la velocidad del flujo, tiempo de inyección
y monitorear el porcentaje de dosis administrada.
El CO2 actúa en la zona afectada y se elimina
muy rápidamente.